TRANSPLANTES, TRANSFUSIONES Y RELIGIÓN

Pablo Albarracini, un testigo de Jehová que recibió seis balazos en un intento de robo y cuya mujer se opuso a que le transfundieran sangre, despertó el sábado pasado del coma. Aunque todavía no puede hablar, esperan que se recupere para que sea él mismo quien decida por su tratamiento.

El padre de Pablo, quien pidió a la Justicia que autorizara la transfusión de sangre que la religión prohíbe, dijo ayer que espera que su hijo vuelva a hablar para así poder revocar las directivas que él mismo firmó y acepte recibir sangre ajena.

El hombre, de 38 años, se encuentra internado desde el 4 de mayo pasado en la Clínica Bazterrica, en el centro porteño. Llegó allí con pérdida de masa encefálica y un balazo en la cara. Cuando los médicos indicaron que necesitaba una transfusión, comenzó la disputa familiar. Su mujer se oponía pero el padre recurrió a la Justicia.

La vida de Pablo está ahora en sus propias manos. Será él quien decida si acepta recibir esa transfusión de sangre, como quiere su familia biológica, o no, como manda la religión y obedece su esposa.

Natalia Albarracini, hermana de Pablo, relató ayer que el hombre reconoce a algunas personas y asiente con la cabeza, pero que aún tiene una sonda en la boca que le impide hablar y, por lo tanto, decidir sobre la transfusión de sangre.

 

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